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15 Julio 2014 Escrito por 

RESCATE EN EL ANETO: LA EFICACIA DEL GRUPO DE RESCATE EN MONTAÑA DE LA GUARDIA CIVIL

El federado Pedro Gil cuenta su propio rescate

El helicóptero de la Guardia Civil -un Eurocopter EC135 lento pero con garantías, testado- asomó por la vertical del sumidero de Aigualluts. Rafa, nieto de doña Dolores, una corsetera de Bolaños de Calatrava que en 1944 se fue a Madrid e inició la saga de la emblemática Fajas Ruiz -algunos recordaran cómo se anunciaba en la radio: "Su tipo como ninguno en Espoz y Mina 1"- nos alertó: “Ya están aquí”.

A las 8:55 del sábado 5 de julio, al pie del Portillón Superior, a 2.908 metros de altitud, José, un autobusero de la línea 31 de la EMT madrileña, llamaba al 062, al número de emergencias de la Guardia Civil. “¿A qué número llamamos?” Alguien respondió sin dudar que al 062. Difícil describir el alivio que sientes al escuchar a la agente que atendió la llamada: “¿Está usted bien? No se preocupe, enseguida están allí”.

Rafa y José son los compañeros de infortunio del montañero de 57 años que, como informó Radio Huesca, se había lesionado en la rodilla en el destrepe del Portillón. Un percance sin consecuencias, pero que impedía continuar la marcha. La del que esto escribe.

El helicóptero se desplazó en paralelo al glaciar del Aneto. Sus pilotos estaban leyendo las corrientes de aire. Un viento impertinente se personó para dificultar el rescate. Les hicimos la señal de auxilio –los brazos en alto marcando una V–. Se posaron sobre una loma de nieve en el glaciar. Salvador y Miguel, dos miembros del Grupo de Rescate e Intervención en Montaña de la Guardia Civil (Greim) descendieron, ordenaron rápidamente el material que necesitaban y a la carrera recorrieron los poco más de doscientos metros que les separaban de la persona a la que iban a socorrer. Lo hicieron con precisión, con eficacia. Cuando estuvieron a nuestro lado sentimos su calidad humana. Buenos profesionales, muy motivados. Beneméritos.

Desde la llamada al aterrizaje en el helipuerto del Puesto de Benasque, no transcurrió ni una hora. Allí esperaban el sargento Baín, el personal facultativo y la mujer cuya voz fue la primera señal de que estábamos en buenas manos.

El Greim de Benasque cumplirá treinta y dos años de actividad el próximo mes de diciembre. Es uno de los cinco operativos existentes en la Comandancia de Huesca destinados al rescate en montaña. Un sargento, dos cabos, doce guardias y un perro de rescate con su guía son sus efectivos. La demarcación del Valle de Benasque destaca por ser la zona pirenaica donde más rescates se realizan y el Pirineo aragonés concentra el mayor número de accidentes de montaña en nuestro país. Según los datos de la Comandancia, la reciente temporada invernal, desde noviembre de 2013 a abril de 2014, se ha cerrado con cerca de cien intervenciones. Quinientas ochenta y una personas auxiliadas, de las cuales cinco habían fallecido y cincuenta y nueve estaban heridas. Desde su creación en 1981, estas unidades especiales de la Guardia Civil han realizado cerca de diecisiete mil intervenciones en toda España.

En la década de los sesenta, el entonces presidente de la Federación de Montaña y gran organizador del montañismo, Félix Méndez, impulsó la creación de una unidad pirenaica de rescate, tomando como referencia la Gendarmería Nacional francesa. En 1967 se formaron las Unidades de Esquiadores-Escaladores de la Guardia Civil, precursoras de los actuales GREIM. No tenían más medios que las camillas, las cuerdas de esparto y el mango de los piolets para inmovilizar los miembros heridos de las víctimas. Hoy la situación es muy distinta y en estos más de treinta años el Servicio de rescate en montaña se ha ganado un reconocido prestigio nacional e internacional.

El pasado año se produjo una controversia como consecuencia de la decisión del Gobierno de Aragón de modificar las competencias de los rescates de montaña. Se intentó aclarar afirmando que la Guardia Civil seguía siendo responsable, que era una ley que habla de funciones, no de competencias. Puro sofisma. El mejor centro de adiestramiento de rescate en montaña que existe en España, está en Candanchú y es parte del servicio de Montaña de la Guardia Civil. Por allí ha pasado personal ajeno al Cuerpo. Resulta un poco chusco querer desalojar a quien te ha formado. Curioso este país nuestro empeñado en desmontar lo que funciona, en dilapidar esfuerzos. Quizá para así poner en evidencia la incompetencia y el derroche al que nos abocan ciertos localismos.

En la Cartilla del Guardia Civil, redactada por la Inspección General del Arma en 1845, se puede leer: “El Guardia Civil procurará ser un pronóstico feliz para el afligido… y si algo debe esperar de aquel a quien ha favorecido debe ser solo un recuerdo de gratitud”. Salvador, el Greim que estuvo a las órdenes del teniente Ruiz en el Puerto de Navacerrada, sobre el que me había apoyado, junto a Miguel, para recorrer dolorido la distancia desde el Portillón al helicóptero, estaba agachado frente mí en la angosta cabina del Eurocopter, a ese funcionario público le di una palmada en su casco naranja y un “muchas gracias”. Mi gratitud. [Fuente: elconfidencial.com]

 



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