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06 Septiembre 2012 Escrito por 

RECUPERACIÓN DE ZONAS QUEMADAS POR INCENDIOS FORESTALES, VERANO 2012

Por Paco Cantó Portillo, Vocal de medio natural de la Federación Madrileña de Montañismo

El fuego es un condicionante natural, a veces aliado imprescindible, en los ecosistemas mediterráneos, coexistiendo como factor modelador de la biomasa y del paisaje desde antes de que estuviéramos los humanos.

Hay plantas que se ven muy favorecidas en su desarrollo por los fuegos y muchas tienen útiles adaptaciones para mitigar los daños que les puedan causar. En zonas del mundo, los fuegos son por causas naturales y se dejan arder naturalmente. Pero ante la carencia y escasez de masas arboladas, junto con las extremas sequías cíclicas a las que nos vemos sometidos, como la actual, el fuego es uno de los mayores enemigos del medio natural. 

Por desgracia este verano los incendios de montes y zonas forestales han sido muy abundantes, llegando en algunos casos a ser de magnitudes catastróficas. Madrid no ha sido menos, si bien solo hay, de momento, uno relevante. Las llamas han afectado en torno a unas 2.000 hectáreas de bosque bajo y pinos, según datos del Ayuntamiento de Robledo de Chavela, aunque la Comunidad de Madrid ha dado 1.200 hectáreas de monte afectadas por el fuego. En todo caso, es una grave catástrofe que debemos evitar en el futuro y restaurar cuanto antes.

Para evitarlo, se dice que es "necesaria una buena limpieza del monte" y que "no se limpian los montes como se deberían" durante el invierno, algo que depende de las administraciones y que implica un elevado coste económico. Cosas en parte ciertas, pero que no son del todo las culpables de ello, pues si hay voluntad de quemar un monte, da igual lo que se invierta en su limpieza, que se acabará quemando, y el exceso de “limpieza” empobrece la biodiversidad. La verdadera protección contra los incendios es un combinado de medidas y acciones coordinadas, limpiezas, prevención, gestión, educación, etc., pero ante todo una adecuada planificación del territorio y sus usos.

Primeros pasos de la restauración y posibles medidas para la reforestación.
Ante todo hay que impedir la erosión y la escorrentía que pueden ser mucho más dañinas que el propio fuego.

En primer lugar habría que determinar qué tipo de reforestación requiere la zona, porque en muchas ocasiones se lleva a cabo de forma natural, que aunque lenta, es la más barata y eficaz. En caso de que sea necesaria la utilización de medios técnicos, se deberá determinar entonces cómo se hace y quiénes lo pagan, ya que en esta zona existe monte público, propiedad de la Comunidad, pero también hay una gran cantidad de fincas privadas para cuyos propietarios, en otras ocasiones, se han aprobado diversos «paquetes» de ayudas, con obligación de invertir en la restauración. Se puede actuar desde la movilización social, pero coordinados con las administraciones.

Hay que intervenir con agilidad y premura, pero con tranquilidad y delicadeza. Preferentemente de manera manual y con técnicas blandas y no agresivas. Usando mejor mano de obra humana y tracción animal que maquinaria pesada. Se favorece, además, la creación de empleo local, sobre la contratación de grandes máquinas de grandes empresas.

Se deberá limpiar toda la zona quemada, triturando, in situ, los restos vegetales quemados y secos, dejando allí mismo todo lo que pueda acolchar el terreno, aportando materia orgánica y ayudando a mitigar la erosión.

También se deberá favorecer el rebrote natural y usar las siembras manuales, con semillas locales, en hoyos pequeños, antes que poner plantones o plantas grandes, mucho más caras y traídas de viveros lejanos, con más difícil enraizamiento. Muchos arbustos y árboles pueden brotar de sus raíces o cepas a los pocos días de haberse quemado toda su parte aérea.

La reforestación deberá durar varias décadas y, al menos en los 10 ó 15 primeros años, se deberán imponer severas restricciones de usos, evitando la entrada de ganado, cazadores, vehículos y hasta senderistas, fuera de las pistas y caminos habituales.








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