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25 Febrero 2019 Escrito por 

DAR EL SALTO DE LA MONTAÑA A LA EMPRESA

Mujeres deportistas y empresarias dentro del ámbito de la montaña

Todas ellas tienen algo en común: les apasiona la montaña y todo lo relacionado con ella. Provienen de diferentes sectores y comenzaron a practicar los deportes de montaña en su infancia y juventud. Crecieron profesionalmente y encontraron su espacio en un territorio donde, en principio, se presupone que predomina la testosterona. ¿Es una cuestión de sexo o de quién es la persona y de cómo dirige su vida?

Este artículo comenzó a barruntarse con una pregunta lanzada encima de una mesa un día de trabajo: “¿Por qué hay tan pocas mujeres en las competiciones de montaña?”, dijo alguien. Los que allí estábamos intentamos responder de forma coherente a esta pequeña gran cuestión, pero no conseguimos llegar a ninguna conclusión satisfactoria. En principio no debería ser así. Los resultados de los tres circuitos de competición (carreras por montaña, escalada y esquí de montaña) que realiza la Federación Madrileña de Montañismo demuestran el alto nivel de las mujeres en las pruebas y las cifras indican que se ha experimentado un incremento femenino en competición en los últimos años, sobre todo en carreras por montaña y en escalada, pero aun así, la diferencia con el número de competidores hombres es muy significativa. ¿A qué se debe? ¿Existe esta diferencia en otros sectores montañeros? Qué mejor que hablar con algunas mujeres que se dedican profesionalmente a la montaña y que están familiarizadas con la competición para sacarnos de dudas. En este artículo recogemos las impresiones de cinco de ellas, todas con formación de Técnicos Deportivos en Montaña por la Escuela Madrileña de Alta Montaña (EMAM). A nosotros nos han aclarado algo la situación, esperamos que a vosotros también. Son la coordinadora de eventos de la Federación Madrileña de Montañismo, María Hernangómez; la empresaria Lidia Herrero; la fundadora de Admontem, Nuria Hijano; la profesora de la EMAM, Clara Olagüe, y la fundadora de Yokmok Aventuras, Beatriz Sánchez.

Puede que el hecho de que haya tan pocas mujeres en el ámbito de la competición en montaña sea un tema simplemente cultural, como opina Nuria, “porque a la mayoría no le gusta”, aunque también “puede haber algo de instinto biológico por preservar la vida y la integridad física, de no hacer cosas peligrosas, quizá por instinto de protección maternal”. María, por su parte, cree que hay que partir de la base de que no es fácil entrar en el deporte de competición en general y considera que existen pocas mujeres en competición porque el número de practicantes es menor que el de hombres, coincidiendo con Nuria en el aspecto cultural: “La mujer no ha estado tan ligada al mundo de la competición como el hombre”. Clara se muestra positiva y, aunque cree que la conciliación familiar ha limitado las posibilidades de participación, considera que “poco a poco vamos equilibrando”. Lidia cree que, al contrario que en competición, en el ámbito profesional de montaña la presencia de la mujer se ha incrementado, “demostrando una mayor empatía con el público”. Beatriz piensa que, aunque haya más hombres, “hay bastantes mujeres profesionales y no profesionales en montaña, al menos en los lugares donde yo trabajo”.

La mayoría están de acuerdo en que desarrollarse en el mundo empresarial de la montaña no es más difícil por el hecho de ser mujer. “Es igual en ambos sexos”, afirma Beatriz. Según Clara, “si crees en tu valía y en tu trabajo, encontrarás obstáculos, como todo el mundo, pero no por ser mujer serán más grandes”. Por su parte, María opina que lo complicado es “entrar” a este mundo pero luego, “como en todos los sitios, tienes que hacerte valer por tu profesionalidad, tu formación, experiencia, habilidades, tus valores… No porque seas hombre o mujer”. Para Lidia se trata de “un sector duro y competitivo, en el cual cada día se valora más la profesionalidad”. Nuria disiente de la opinión de las demás y considera que quizá sí es más difícil para la mujer porque piensa que esta diferencia existe en muchos de los sectores de la sociedad: “Quizá se nos tome menos en serio en cuestiones de liderazgo, y esto a veces genera problemas de gestión de grupos”.

¿Tuvieron que superar estas mujeres más barreras que los hombres para entrar en el mundo de la montaña? Todas ellas coinciden en que no fue así. Tanto Nuria como María remarcan que muchas barreras las marcamos nosotros mismos. “Las barreras las tenemos cada uno en nuestra mente”, afirma la primera. Según Clara, las barreras son similares para hombres y mujeres porque su labor profesional “será finalmente la misma”. Por su parte, Lidia opina que ganarse la vida en el mundo de la montaña es muy complicado “independientemente del sexo”. Al plantearles a estas profesionales si han encontrado dificultad para demostrar su valía en el ámbito de la montaña ante la presencia real de posibles incidentes y su capacidad de reacción, todas coinciden en la importancia de contar con una formación específica, no solo física, sino también mental para afrontar las dificultades. Nuria afirma que “es cuestión de entrenamiento, está claro que tenemos que entrenar más que los hombres sencillamente por genética, pero yo siempre he estado al nivel de mis compañeros en montaña”. Lidia entiende que “los accidentes se producen por una falta de medidas de prevención, los cuales son independientes al sexo del guía”. María, por su parte, cree que una formación integral como profesional en montaña permite saber utilizar los recursos para solucionar una situación complicada, “la unidad físico-mental es un todo, ¿de qué valdría un profesional si está muy bien físicamente pero ante un incidente se queda paralizado o no sabe como actuar?”.

Clara acepta la superioridad a nivel físico en ciertos aspectos de los hombres, pero defiende que siente que vale lo mismo. Beatriz no cree que haya tenido que superar “en absoluto” más barreras que un hombre para que la gente confíe en su profesionalidad en montaña: “En dos horas de guiado la gente ya sabe qué persona tiene como líder”, afirma. “Ser guía de montaña es una profesión ideal para la mujer. Nuestras cualidades psicológicas son ideales para liderar un grupo”. Nuria sí cree que quizá en un primer momento se dude más de las capacidades de una mujer, sobre todo a la hora de respetar su liderazgo, “pero la montaña nos pone a todos en nuestro sitio, tiene unas reglas de juego que hay que cumplir y eso pasa por formación, experiencia acumulada y sentido común. Esto se tiene o se consigue como persona al margen de la identidad sexual”. Clara, por el contrario, opina que sí que existe una diferencia en el grado de confianza de los grupos ante el guía: “En las grandes empresas de turismo activo he respirado un aire que desgraciadamente nos diferencia, devaluándonos”. María resalta que la profesionalidad se demuestra en la manera de trabajar, “no hay unos puestos para hombres y otros para mujeres, hay puestos de trabajo para personas con una formación, preparación, experiencia y recursos requeridos”.

Algunos planteamientos nos han aclarado el tema con esta interesante exposición de ideas de estas cinco profesionales. Para terminar, Clara anima a las mujeres deportistas “a conciliar hogar, profesión y pasión, porque hay sinergias entre estos elementos y, sin unos, no se desempeñan bien otros”. María nos comenta que “seguiremos trabajando en la formación de los futuros profesionales de la montaña para seguir profesionalizando el sector, ya que aún queda camino”. Beatriz nos lanza una pregunta: “¿Pensáis que en España se valora nuestro trabajo? Mi respuesta es no, si alguien opina que sí le invito a un café para exponer sus ideas”. Y Nuria tiene claro que “mientras sigamos hablando de diferencias entre hombres y mujeres, seguiremos dando importancia a un problema y con ello lo reforzaremos, creo que tenemos que empezar a hablar de las capacidades que tienen las personas, porque en definitiva es solo lo que somos todos: personas”.

Bárbara González del Valle

 

Este artículo fue publicado en la revista Altitud nº 26.

 



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