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De Édouard de Perrodil

Con un estilo cómico y burlesco, De Perrodil compone un drama que no lo es y demuestra que idiosincrasias tan peculiares como la española y la francesa, en el fondo, se admiran mutuamente. 


De Perrodil adoraba lo español, tal es así que se enfrenta al viento, a la lluvia, al calor, al insomnio, a las malas carreteras, al hambre..., al mal vino y a nuestra especial idiosincrasia.A cambio de todos estos padecimientos, De Perrodil, periodista de Le Petit Journal, nos regala este trepidante testimonio con una prosa aguda, ligera y, en ocasiones, humorística.Pero ¡Bici! ¡Toro! no es sólo el relato de un viaje... bajo el subtexto de esta comedia, los españoles podemos observar si hemos cambiado algo en los últimos ciento veinte años. ¿Ya tienen una respuesta antes de comenzar este viaje... ... en el tiempo?

Texto de contracubierta:

Periodista, poeta y ciclista fueron los tres oficios que se dieron cita en la figura de Édouard de Perrodil. Cada uno de ellos, por turno, alimentaban el espíritu y el cuerpo de este pionero de los récords velocipédicos. Lógicamente, batió todos los que se propuso, pero no sólo por tratarse del primero que los imaginó, sino por su habilidad para contarlo con la repercusión que merecía aquella máquina recién nacida que le fascinaba.El joven y silencioso Henri Farman, compañero de pedal de Perrodil e ilustrador improvisado de Vélo! Toro!, acabaría desviando su atención de las bicicletas a la mecánica. Llegó a destacar como piloto de Renault antes de interesarse por la ingeniería aeronaútica. La historia le guardaba un lugar dentro de los pioneros de la aviación. Fundó la Société Générale des Transports Aériens, que en 1933 integraría Air France.

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